Una mañana de enero de 1901, parten los arreos rumbo al puerto de Cumaná. Todas las mulas fueron cargadas en la madrugada. La lista de encargos e inventarios de entrega se había revisado. El libro de novedades y de encargos fue entregado al patrón. Pancho guardó esta vez una copia en el baúl de la casona. A las 5:30 AM salió el arreo. La salida era una cosa muy importante para ellos. Cuando el tiro se engancha el Mayoral toma el manejo de las riendas en sus manos, el Zagal pronuncia la señal convenida con una lluvia de palos y silbidos…finalmente ponen en movimiento las mulas, burros y caballos. El sol comenzaba asomar sus primeros rayos de luz. Las paraulatas y el alcaraván despertaban con el cantar de los gallos. Los arrieros adelantaban para ganar tiempo y llegar temprano a los acampaderos.Al tercer día, ya pasaban por la hacienda Caripe donde se les unieron las cargas de café y cacao con 4 carretas , 10 mulas y 5 jornaleros. El arreo continuo el rumbo por siempre trazado . Tanto los hombres como los animales conocían el camino.
Faltando solo 3 días de jornada para llegar al puerto, Don Pablo se sintió mal….y se adelantó a caballo para ver al Boticario y buscar algo para aliviar el dolor. Pero su malestar no era de boticario…había contraído una infección estomacal y debió ser hospitalizado con las hermanas de Caridad para su atención y tratamiento. El Dr. Acosta Ortiz lo diagnosticó. Los primeros 5 días fueron cruciales, había que hidratarlo y adminístrale el tratamiento. Él siempre estuvo al cuidado de una hermana diferente por los primeros 5 días.
A medida que se le acercaba la partida, Don Pablo deseaba no mejorarse para que le dieran de alta. Su estancia en el Hospital se prolongó hasta por 30 días. Y le tocó hacerle una buena donación a la madre superiora para mejoras del Hospital.
Una mañana, por un instante, antes de la revista medica, Pablo y Sor Teresita se miraron directamente a los ojos, y por primera vez sintió algo extraño que no había sentido antes. Ella bajó la mirada, y sintió vergüenza y pena. Pablo la tomó de las manos y le dijo: “Sor Teresita…yo estoy seguro que la amo profundamente…también estoy consciente de mi gran rival…pero estoy dispuesto a compartir su corazón con él.” Ella salió del recinto a la carrera y desapareció por el pasillo sin despedirse de él.
Pasaron los días, y semanas….y cada vez que Pablo podía, le enviaba mensajes…regalos especiales, y así duraron casi un año desde su primer encuentro.
Sor Teresa muy pronto se dio cuenta que su corazón flotaba entre dos amores. Y un día bajo confesión hablo con el obispo. Quien le manifestó lo siguiente: “Hija , no solamente pueden ser santos los que se entregan bajo el celibato; también nuestro Señor quiere siervos laicos que salgan de la familia en santo matrimonio.”
Y quince días después de esta confesión, en la pequeña capilla del convento…se celebró el santo matrimonio entre: Teresa Antonia Saavedra del Castillo y Pedro Pablo Trías. Ella continuó prestando servicio como voluntaria a ambos. Pablo le tocó que comprarle una casa cerca de la congregación, en Cumaná y reorganizar su tiempo de trabajo entre Santa rosa de Ocopi y Cumaná.
..la historia continua...5B















