sábado, 11 de junio de 2011

LAS MUJERES DE DON PABLO (6B)

Las mujeres  de Don Pablo.

Al llegar las dos mujeres a la Casona de Chorro,en Santa Rosa de Ocopi, (el 10  de Diciembre 1916), Doña Teresa y la niña  Isabel (  madre e hija); comenzaron hacer cambios. La energía femenina de la Casona había permanecido por mucho tiempo en manos de la servidumbre. En el salón del comedor, a la mesa le cambiaron el modelo de las  sillas y el numero de ellas:  de 8 a 10, en el  área de descaso donde  Don Pablo tomaba  su  siesta, reformaron el cuero del viejo sillón.  En la cocina pintaron paredes de color blanco e instalaron cortinas españolas, y también cambiaron algunas baldosas  de arcillas dañadas del viejo piso . Pintaron paredes y ventanales en el gran salón e igualmente en el pasillo perimetral de la Casona.

Mudaron las mercancías depositada dentro de  los  aposentos  hacia los depósitos externos de  viejo  molino y elaboraron el primer inventario. Finamente, organizaron una verdadera exhibición. Toda la servidumbre interna estuvo ocupada durante tres  semanas, y al finalizar,  ellos comentaban: “Hay Dio mío, Que cambio hicieron Doña Teresa y  la niña Isabelita....”.


Doña Teresa no tardó en darse cuenta del analfabetismo de casi toda la gente que laboraba en la Casona. Muchos de ellos todavía sumaban  con nudos,  tampoco sabían leer ni escribir. Notó que muchos niños aún no habían sido bautizados.  Cuyos padres convivían arrejuntados sin la bendición de Dios y mucho menos bajo de las leyes civiles.

Doña Teresa
Doña Teresa como buena educadora, pidió apoyo a Don Pablo con material educativo desde Cumaná, y formó la primera escuela en la Casona del Chorro, La Niña Isabel fue primera maestra de los niños y niñas de la Casona, y Doña Teresa la maestra de los adultos. Habló con el Párroco de la Iglesia Santa Rosa y propicio un bautizo colectivo de niños y muchos adultos. Posteriormente, con el tiempo muchas familias formalizaron sus estados civiles.



La niña Isabel Teresa
La niña Isabel le gustaba mucho montar a caballo por los campos, sabanas, y riachuelos. Contemplar la salida del sol, y visualizar las estrellas. Por todo estas cosas, Don Pablo delegó el cuidado y protección de su hija de 16 años, en Pancho. Un muchacho de su entera confianza, que había crecido en la casona desde los 11 años de edad, hijo de unos parientes de la Villa de Úrica, y para este entonces tenia cerca de 19 años. Pancho,  muchas veces casi perdía la paciencia con los constantes antojos de la Niña Isabel. Se convirtió en su guardián, su mandadero, su confidente, su colector de cosas de la naturaleza, hasta interpretador de poesía, menos mal que el muchacho era compositor de copla y tenia buen oído. Así pasó el tiempo, él muy atento con ella... y ella dándole sendero a su pensamiento infinito, que hasta entonces era de  mucha inocencia, respeto y pureza. Disfrutando los amaneceres, los atardeceres, del firmamento en las noches estrelladas… y de la frescura del encantador río al nadar en  esos días calurosos y soleados.



La niña Isabel y su poesía:

Te necesito para respirar,
necesito tus ojos para ver
necesito tus labios para sentir,
necesito tu alma para vivir
necesito tu existencia para sonreír
te necesito para saber amar


Mi corazón es tuyo
mis sentimientos son tuyos
mi cuerpo es tuyo
mis palabras son para ti

mis caricias son para ti
mis besos son para ti
pero hay algo que es sólo mío:
saber que me amas.




Viviremos en un castillo
hecho con amores
sostenido por dulzura
protegido con confianza
construido con felicidad
viviremos en nuestro castillo
para no salir jamás.


...  historia continua.....7B

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